Dentro de la labor educativa, cualquier responsable de un proceso didáctico, llámese profesor, entrenador o padre, debe tener en cuenta la concienciación de los niños a la hora de elegir para su dieta productos saludables o bien, productos ecológicos.
El concepto producto ecológico debe normalizarse, hacerse común al uso, acostumbrar el ojo a la búsqueda de lo sano y no sólo de lo barato. Porque lo barato, a veces sale caro. De todas formas el precio de las verduras ecológicas, por ejemplo, no difiere demasiado de las que no lo son, y contienen menos agentes nocivos para la salud y para el medio ambiente.
Es por esto que todo agente socializador que intervenga en la educación de un niño no debe obviar la importancia de una buena alimentación. Es necesario crear hábitos alimenticios correctos, dietas equilibradas y prácticas de ejercicio.
Cataluña es una de las comunidades autónomas que han asimilado iniciativas no sólo contra el fracaso escolar, sino contra el “fracaso saludable”.
Hasta 36 centros escolares adquieren a diario en sus menús, alimentos y productos ecológicos, y que además son recolectados en huertas locales.
Así se crea un impulso económico para los pequeños agricultores de la zona, y asimismo, el transporte de los productos son cortos por ser de mercado local, así que no se daña el medio ambiente con emanaciones de gases de los camiones de transporte.
Por supuesto, ni qué decir tiene, que los productos ecológicos suman a esta ventaja empresarial, el hecho de estar abonados y cuidados con productos naturales y orgánicos, alejándose de filosofías químicas relacionadas con los pesticidas.
Con estas estrategias se mueven líneas diferenciadas dentro de un plan integral: alimentario, ambiental, social y educativo, de modo que favorece situaciones económicas generales, así como sociales y ambientales, mientras que también incide en conductas alimentarias particulares.